Roberto Casín

POLVOS DE FUEGO

Novela

Un enigma de siglos. Sueños indescifrables. Una avioneta que se estrella cargada de droga en una playa. Asesinatos, misterio e intriga en un pequeño pueblo que vive herméticamente atado a su pasado. Una historia de pasiones, amor y venganza con un inesperado desenlace.

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Roberto Casín

Roberto Casín nació en La Habana, Cuba, en 1948. Ejerció el periodismo durante cuarenta años. Fue reportero, corresponsal de prensa en varios países, escritor para radio y televisión, columnista, editor y jefe de redacción en diarios, revistas, y publicaciones especializadas en internet. Hoy su vida transcurre entre la literatura, la fotografía y el trabajo artesanal con madera en el bosque de los Montes Apalaches. Es autor de la novela Polvos de Fuego. Tiene publicada una compilación de sus columnas bajo el título Las cosas por su nombre.

Tráiler

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Trama moderna pero con la pincelada de una nostalgia y suspensión en el tiempo que por momentos no logras definir. Excelente narrativa, diálogos claros y unos personajes bien definidos.

– El Mundo, mayo 2016.

Pasajes del libro

Capítulo V

Mariangélica había amanecido hundida hasta el cuello en la bañera de peltre, extinguiendo los fuegos de su memoria. Y así estaba cuando don Anselmo llegó a la taberna y subió a trancos hasta su alcoba. La noche había sido larga y sin sosiegos. El dinamitero había vuelto al burdel, y esperando que pagara por su delito, a una de las putas se le ocurrió prepararle un brebaje con flores de burundanga. Le doblaron la dosis y se lo mezclaron con aguardiente para que el efecto fuese fulminante, pero el fulano tenía una salud blindada. Alguien había dicho que si en el trago le maceraban además polvos de uña, en pocos minutos acabaría por derrumbarse, pero desestimaron que la víctima era un adicto profesional a las drogas.

Lea el Capítulo I

Aquella mañana se despertó sobresaltado. Una insondable percepción interna que ya de niño lo había turbado reapareció otra vez al final de sus sueños. Don Anselmo Montero no recordaba la primera vez que había interiorizado esas imágenes. Escuchó la descarga cerrada de fusilería y el silbido de las balas. Vio de nuevo doblarse aquel cuello como una espiga y caer la cabeza irreconocible, desplomada de golpe sobre el pecho ensangrentado. Por un tiempo más oyó el eco de los disparos retumbando sobre las piedras de los muros, y

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