Pasajes del libro

Capítulo II

A las pocas semanas de nacido, fue la madre la primera en notarle sus preferencias por las iluminaciones radiantes. «Está claro. Es un ser de luz», fue el dictamen de doña Rosa después del convite de su bautizo, del que hubo que llevárselo bajo una sombrilla, porque él no dejaba de mirar al sol.

Capítulo III

Combatió la impureza de los vicios políticos y sociales con el fervor de un Cristo sin apóstoles (…)  un Mesías venido a salvar a los grandes marginados de la historia, un vengador de libertades pisoteadas durante siglos. Tanta grandeza en un solo cuerpo llegó a transformarlo en el apoderado divino, en el fin per se. De profeta de la verdad pasó a ser la verdad misma. Y esa fue su perdición.

Capítulo IV

El crimen lo consumaron los encapuchados a la sombra de un recio almendro, a un costado de la plaza, donde el vendedor de loterías solía recuperar los alientos de su pregón de fortunas y atenuar el cansancio de las caminatas. Un artero balazo le había atravesado el cuello y perforado la yugular.

Capítulo IV

Televito le explicó que siguiendo instrucciones médicas se alimentaba solo con repollos y acelgas. El doctor le había suprimido vinos y carnes para curarle de un repentino priapismo que no le dejaba en paz a ninguna hora y que le tenía asida toda la vida a los caprichos del pene.

Capítulo VII

El debate existencial dejó nebuloso al cura, cuya formación académica y pericia teológica no pudieron hacer mellas en el acerado sarcasmo de don Anselmo, y aunque hasta el último minuto Aristeo logró mantener la quietud, después naufragó en un mar de tribulaciones. Se hizo un cocimiento de tilo, y anduvo meditando con las manos cruzadas atrás como un sereno de ronda por los corredores y el presbiterio.

Capítulo VIII

La mañana siguiente abrió de un azul despejado y cuajada de moscas, que se fueron multiplicando hasta adueñarse de pórticos, canteros, pasillos y habitaciones. Había tantas, que ya a las diez no se podía caminar sin el temor de chocar con ellas (…) El pueblo creyó haber quedado a merced de otra plaga pecaminosa, porque en su errático revoloteo, las moscas lo fueron atomizando todo con una fina capa como de polvos de brillantinas.

Roberto Casín

Polvos de fuego

Novela

Un enigma de siglos. Sueños indescifrables. Una avioneta que se estrella cargada de droga en una playa. Asesinatos, misterio e intriga en un pequeño pueblo que vive herméticamente atado a su pasado. Una historia de pasiones, amor y venganza con un inesperado desenlace.

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